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Osteoporosis

Jueves 4 de mayo de 2006, por Carme Valls Llobet

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La osteoporosis se define como una reducción de la masa o densidad ósea (un 2,5 Desviaciones Standard (SD) de la media de las densidades correspondientes a la edad). Esta reducción se acompaña de un deterioro de la arquitectura del esqueleto, lo que conduce a un incremento del riesgo de fracturas.

La posibilidad de padecer osteoporosis en las mujeres después de los 50 años es mucho más grande que en el hombre de la misma edad (4 a 1), y en algunas la densidad ósea puede disminuir bruscamente después de la menopausia. Aunque no son definitivos los estudios de población, se calcula que le afecta al 30% de las mujeres de los países del norte de Europa y América.

En cuanto a las consecuencias de padecer esta enfermedad, las principales son las fracturas. Podemos distinguir las del radio (antebrazo y muñeca), que se presentan desde antes de los 50 años (fractura de Colles); las fracturas vertebrales, que aumentan su incidencia a partir de los 60 años; y las fracturas de fémur, que se duplican cada cinco años a partir de los 70.

Pero existe un gran número de enfermedades que pueden contribuir a la aparición de osteoporosis desde etapas muy jóvenes de la vida. Cuando una persona presente dolor óseo, deformidad de la columna vertebral o de alguna articulación en las extremidades (como el arqueamiento de las rodillas) se debe pensar en la posible osteoporosis, sea cual sea la edad y el sexo de las personas afectadas.

Ha sido muy frecuente considerar que esta enfermedad sólo se presenta entre mujeres que tienen la menopausia, por lo que en este artículo quisiera demostrar que las causas de la osteoporosis son múltiples y diversas, y que se podría prevenir y a veces evitar si se pensara en ella. A continuación detallaré alguna de estas causas.

Los estados de hipofunción de ovarios Toda situación de estrés produce cambios en la regulación hormonal del ciclo menstrual. La mujer ovula por el estímulo que proviene del sistema nervioso central, y si éste recibe constantes agresiones, se produce una deficiencia de las hormonas de ovulación y, en consecuencia, el déficit de una que el cuerpo de las mujeres necesita para mantener su equilibrio: la progesterona.

En los últimos estudios de Soules, en Estados Unidos, se pone de manifiesto que la insuficiencia de progesterona, o déficit de fase luteínica, es constante en las etapas críticas de la vida, como pueden ser situaciones de estrés provocadas por un divorcio, el inicio de un nuevo trabajo, períodos de paro, existencia de angustias económicas o crisis importantes de la familia. La mencionada insuficiencia de progesterona condicionará también el aumento en la cantidad de sangre menstrual, la aparición de miomas, de mastopatía fibroquística y, a la larga, constituye un factor de riesgo de contraer cáncer de mama y de endometrio.

La menstruación debería durar solo de tres a cuatro días y provocar la pérdida de 80 a100 cc de sangre, el equivalente a una copa de vino; pero estamos constatando que en situaciones de estrés se produce el exceso en la cantidad de sangrado y el aumento del número de días en que éste se produce. Esta pérdida excesiva y constante de sangre muy rica en hierro condiciona un incremento de las anemias y ferropenias, y además una deficiencia de progesterona crónica en el cuerpo de la mujer, como demuestra la doctora Prior, endocrinóloga de Vancouver, que ha realizado investigaciones sobre las consecuencias del déficit de ovulación en la masa ósea.

Estudiando a atletas y bailarinas de ballet clásico, sometidas a ejercicio físico constante y extenuante, constató que la pérdida de la ciclicidad ovulatoria durante más de 9 meses en mujeres jóvenes de 18 a 25 años condiciona una pérdida del 20% de masa ósea.

La osteopenia, por lo tanto, no es un riesgo de la vida adulta de la mujer, sino que ya se presenta desde la etapa de la juventud y condiciona a largo plazo y según las condiciones de trabajo, ergonomía y posturas laborales, alteraciones crónicas del sistema músculo-esquelético.

Solo la identificación de las causas visibles y no visibles del estrés y las condiciones de trabajo y de vida que lo producen conseguirá abrir un camino de prevención en la salud de las mujeres. Si los problemas músculo-esqueléticos y los relacionados con la salud mental constituyen la primera causa de jubilación anticipada por razones de enfermedad en el sexo femenino, la tarea prioritaria en salud ocupacional consistirá en la identificación de las causas que lo producen y, en lugar de la queja, o el pago de compensaciones, la tarea debe centrarse en la prevención.

Las enfermedades endocrinas

Existen múltiples enfermedades endocrinas que pueden estar implicadas en la formación y resorción ósea. Las más frecuentes son las relacionadas con la función tiroidea, como el hipotiroidismo y el hipertiroidismo (tirotoxicosis), las insuficiencias o excesos de producción de las glándulas suprarrenales o el exceso de formación de hormona de crecimiento.

También son una causa muy frecuente de desmineralización el exceso de hormona paratifoidea, fundamentalmente por el déficit de Vitamina D, que se puede presentar en etapas muy tempranas de la vida. Se calcula que a partir de los 50 años un 38% de la población femenina puede presentar un déficit subclínico de Vitamina D, y a partir de los 70 años podría llegar a ser el 70% de la población, tanto masculina como femenina.

Aunque seamos un país con mucho sol, las deficiencias de vitamina D son más frecuentes que en países del Norte de Europa. La explicación radica en que el metabolismo de la Vitamina D es complejo y para estimular la provitamina D a través de la piel se ha de tomar el sol con el 30% del cuerpo descubierto y los rayos solares deben ser perpendiculares a la piel. Esto sólo se produce de 12 a 16 horas de la tarde, es decir, los momentos de máxima insolación y de calor en los que muchas personas evitan tomar el sol. Además, a partir de los 60 años la piel ya no produce la misma provitamina a partir de la insolación.

Se pueden producir osteoporosis por el déficit de absorción de los nutrientes esenciales para la formación ósea, como el calcio, la vitamina D, el fósforo, el flúor y la matriz proteica del hueso.

Estos estados se presentan en la población que se nutre de forma deficiente o que se alimenta a través de sondas; también en las personas que presentan enfermedades que producen mala absorción.

Por último, es necesario destacar otras causas mucho más frecuentes de osteoporosis y que se podrían prevenir fácilmente, como son el tabaco, el alcohol y la vida sedentaria.

El tabaquismo es una de las primeras causa de osteoporosis en mujeres. Desde que se comienza a fumar se generan cambios en la metabolización de los estrógenos producidos en los ovarios. Se ha comprobado que en mujeres fumadoras de un paquete diario la pérdida es de más de dos Desviaciones Standard, incluso a partir de los veinticinco años. Esta pérdida no se puede compensar si no se deja el hábito tabáquico.

La vida sedentaria o la inmovilización forzosa reduce de forma significativa la masa ósea. El efecto del ejercicio físico moderado es mucho más beneficioso si se inicia en etapas jóvenes, ya que en la vida adulta sólo puede aumentar la masa ósea en un 1 ó 2%. Sin embargo, practicado en la madurez mantiene la agilidad articular y la fuerza física necesaria para evitar obstáculos o para sortearlos. Muchas de las fracturas que se producen en la tercera edad son debidas a la falta de agilidad, y podrían haberse evitado con una mejor preparación física. También tenemos que tener en cuenta que un ejercicio extenuante, más de ocho horas diarias con intensidad fuerte, puede incrementar la osteoporosis en el sexo femenino por la anovulación que se produce como hemos visto al principio de este artículo.

Tratamiento

El tratamiento de la osteoporosis cuando ésta ya se ha establecido cuenta en este momento con un buen elenco de terapéuticas a escoger. Al ser un problema tan extendido, la investigación farmacéutica ha dedicado muchos esfuerzos en los últimos diez años para lograr fármacos que colaboren a aumentar la masa ósea.

Los retroestrógenos se han mostrado útiles en el tratamiento de la osteoporosis postmenopáusica y en la prevención al mismo tiempo del cáncer de mama, aunque a veces aumenten de forma molesta la frecuencia de sofocaciones. Todos los tratamientos de la osteoporosis han de acompañarse de Calcio y Vitamina D.

La calcitonina, que en principio pareció una esperanza, ha quedado relegada al tratamiento de una enfermedad ósea denominada Enf de Paget.

Por su parte, la Terapia Hormonal Sustitutiva no se ha demostrado eficiente más que para la mejora del hueso vertebral y sólo durante dos años después de la menopausia. No se ha registrado ningún efecto claro sobre el hueso del fémur o hueso cortical y de las extremidades. Dado el riesgo que el tratamiento con estrógenos puede suponer para el cáncer de mama, no se recomienda la terapia hormonal como tratamiento de la osteoporosis.

Se está investigando el posible tratamiento con progesterona natural, porque también sería protectora del cáncer de mama, como los retroestrógenos. En todos y cada uno de estos tratamientos se ha de evitar el tabaquismo e incrementar el ejercicio físico moderado y continuado. Cinco 5 horas semanales andando con calzado adecuado ya es un buen ejercicio de prevención.

Publicado en la revista Meridian nº 34, 2004


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