Aborto: A favor o En contra

Lunes 12 de febrero de 2007, por Liliana Lapeyre

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Artículo cedido por su autora


Escribir siempre es un reto. Es por ello que en este intento quiero únicamente compartir mi experiencia y recordar un poco lo vivido. Contándoles una historia de mujer, que sé no les será ajena a nadie, por que siempre tenemos una historia de ésta muy cerca de nosotras y nosotros.

Aunque ésta historia comparte la idea de que no existe una esencia única de mujer y que las mujeres hemos sido definidas de muchas maneras a lo largo de nuestra historia. Por supuesto, todas ellas de acuerdo a los intereses y conveniencias, prejuicios y miedos de los varones. Como nos sugiere Victoria Sendón de León [1], también tiene la idea que nuestras diferencias nos une y nos acerca.

Esta experiencia que intenta ser plasmada en un ensayo, ha sido más meditada y sentida especialmente este año desde otra perspectiva, desde mi perspectiva de mujer. Por que he sido enriquecida con un aprendizaje doloroso y cuestionador, por que me he visto lidiando duramente por defender todos y cada uno de los valores en los que he sido formada y muchas veces no he sentido mis palabras. Por que los argumentos no me identificaban, por que resultaban ser lecciones aprendidas repetitivamente a lo largo de mi vida.

Toda esta reflexión me trae a la memoria la frase con que empieza Simone de Beauvoir [2] a escribir su libro El segundo sexo: ”no se nace mujer: se llega a serlo”. Yo llegué a ser mujer, absorbiendo los valores tradicionales de cualquier familia católica: el sacrifico, el amor al otro antes que a mi misma, etc, etc; y, no es que me sienta libre de todos esos valores, ni tampoco que reniegue a ultranza de ellos; ni mucho menos que me sienta orgullosa ni mártir, ni camino a la beatificación. Simplemente, ahora soy más conciente de la esclavitud de pensamiento en la que he vivido y si antes me revelaba a ello, ahora lo hago más convencida, conciente del dolor y lo que cuesta deconstruirme, buscarme y ser yo misma.

Es por esta razón que este ensayo no es más que un intento por compartir sentimientos y pensamientos, no sólo de alguien que pudiera libremente opinar; sino de quien experimentó en su propio cuerpo la decisión ilegal, inmoral de optar por su vida y sus proyectos antes que por la incertidumbre y la irresponsabilidad de cargar, además de su propia vida, con otra para la que aún no estaba preparada.

Esta decisión, de llegar a ser mujer con mi propia piel, de escribir mi propia historia, tuvo su primera consecuencia: abortar. Aunque en el momento en que sucedió, la única cosa que tenía en la cabeza era que no quería ser madre. Fue mi primera decisión en el camino de lo que quería ser y lo que pensaba yo que significaba ser mujer. No fue fácil, por que si ahora aún estoy atada a mis prejuicios y a los valores con los que crecí, aquella decisión fue mi primer gran rompimiento con esa mujer que la sociedad quería de mi y el encuentro con la que yo quería construir y volver a nombrar.

Empero, no dejaré de recordar algunos datos estadísticos y conceptos básicos y necesarios para entender mejor por que la urgencia de ejercer totalmente nuestros derechos, porque el Estado debe ser laico, por que debemos promover la revisión de nuestra legislación respecto al aborto y su despenalización; y, por que la feminización de la sociedad no debe ser sólo tarea de mujeres.

Todos estos temas intentaré desarrollarlos desde mi experiencia y basándome fundamentalmente en las lecturas que me han nutrido a lo largo de éste año que pasó. Sé que este tema y las opiniones que de aquí surjan son y serán siempre controvertidas, discutibles y hasta criticables. Por que todas y todos estamos en la facultad de hacerlo, por que nos sentimos en la necesidad de alzar el dedo y opinar.

Sin embargo, cuando la necesidad de opinar se convierte en la necesidad de normar lo opinado. Cuando por cualquier medio y a cualquier precio imponemos nuestra opinión, aunque sea con “buena intención”, transgredimos los límites del derecho y violentamos a la otra persona. En este caso violentamos los derechos de la mujer.

La violación de estos derechos, materializados en la prohibición a decidir. Es un tema especialmente sensible para nosotras las mujeres; y más, si somos parte del índice de las elevadas estadísticas [3] abortivas que presenta el Perú y que no se encuentran visibilizadas, por que escapamos al ojo estatal.

Sé también que la decisión de abortar resulta incomprensible para muchas mujeres y no menos hombres. Por que trastoca todo el sistema patriarcal en el que hemos sido formadas. Nosotras que estamos diseñadas naturalmente para ser madres, es incorrecto y hasta desnaturalizado, que deseemos “matar un niño o niña que llevamos dentro [4]".

Lo ideal y lo socialmente esperado es que toda mujer es una madre en potencia y que si ha quedado embarazada, cualquiera sea la situación que sea, este estado de maternidad es natural en ella, íntimamente deseado (repetido infinidad de veces) desde la infancia y lo aceptará tarde o temprano con la naturalidad, la alegría y todo el sacrificio que su feminidad aprendida lo demande.

Por que como dice Simone ” Es precisamente el hijo el que, según la tradición, debe garantizar a la mujer una autonomía concreta que la dispense de abocarse a ningún otro fin (...) el hijo es su alegría y su justificación. Por él se realiza completamente desde el punto de vista sexual y social..”. Nuestra sociedad está plagada de estas “sacrificadas madres-mujeres”, que sufren y soportan. La Iglesia las redime en una Virgen María.

Es decir, la mujer no tiene otro ni más útil fin que el ser madre y darle hijos (hombres, ciudadanos) a la sociedad. La maternidad resulta el trabajo público y social de toda mujer. El sacrifico de su vida es el “pequeño” aporte a la formación de una sociedad y un Estado de bienestar, liderado por sus hijos que no logran conectarse con el vientre que los nutrió, sin embargo se conectan con la sociedad que los cobija y los valora en la negación del vínculo con su madre.

Resultan controvertidas estas expresiones, pero si las repensamos, son verdaderas en tanto son también argumentos de por que el Estado influenciada por la Iglesia prohíben el aborto. En el fondo no es más que el miedo a dejar de tener el poder y el control sobre el cuerpo femenino y sobre su sexualidad y el derrumbe de los valores sociales que ello representa.

Con esto, no quiero más que explorar la necesidad que todas y todos sabemos prioritaria. De que nuestro Estado, como muchos en la región, empiece ha desvincularse de los dogmas religiosos sobre los cuales se ha construido, que empiece a ser un estado realmente laico, “oponiéndose al autoritarismo de los dogmas que se intenta imponer como verdades universales para todos y por sobre todo sobre todas nosotras". [5]

Pero, ¿por qué la falta de voluntad política para defender el estado laico?, ¿cuál es el temor de los políticos?. Comparto la idea con Ana Güezmes, de que la falta de voluntad y el temor, radican en un respeto interesado y falso a nuestra tradición católica.

Es interesado y consecuentemente falso, por que apunta a la captación de los potenciales votos para cualquier partido político o persona que quiera llegar o mantenerse en el poder. Quedar bien con la mayoría es fundamental para sus intereses particulares.

Como vemos, no es fácil decidirse por una posición a favor o en contra del aborto, ni siquiera en el ámbito político. ¿Podríamos imaginarnos, entonces, por un segundo en el cuerpo de una mujer en esta disyuntiva?, ¿una batalla íntima de ideologías morales y sociales dándose lugar en un sólo cuerpo?, ¿intentar pensar por primera vez en contra del sacrifico aprendido, que toda mujer tiene como dogma hacer a la sociedad y a la iglesia? Es más, la decisión de cualquier intento de priorizar nuestra vida es penado no solo moralmente, sino social y legalmente.

Es decir, no interesa cuales sean las circunstancias que cada mujer se encuentre. Se generaliza la decisión en la prohibición de no abortar. Sin embargo, las situaciones son diferentes para cada mujer, por que sus circunstancias son diferentes, por que cada mujer es también diferente. Por eso coincido con Rosa Dominga, cuando dice que “...nunca se puede separar esta decisión que adopta una mujer, del contexto social en que sucede”(2000:51).

Cuando decidí abortar, decidí por un hecho muy concreto: entre terminar mi carrera universitaria bien sin ninguna presión adicional, esperando libremente todas las experiencias nuevas que tenía que vivir y ser madre universitaria, atada a una responsabilidad que no deseaba. Puede ser catalogada por la iglesia y la sociedad, de una decisión egoísta. Sin embargo, es una decisión libre, mía, ejercida voluntariamente y a pesar de la ilegalidad e inmoralidad con que la sentencia nuestra legislación y sociedad: es mía.

Mi decisión marca poderosamente para quienes, como yo, hemos crecido con la religión católica metida en las venas, con el perdón en los labios por cada “sucio “ e incorrecto pensamiento; por quienes nuestro primer contacto con la educación sexual fue ese tristemente famoso video de “el grito del silencio”. Donde nos penetraban al mismo tiempo que la “cuchara” que desgarra el cuerpo del feto al interior de la madre, la idea que cualquier acto de defender nuestro cuerpo era un exacerbado egoísmo y el no aceptar la responsabilidad como castigo por ”tu mala cabeza”.

Es decir, teníamos que aceptar el embarazo como la prueba de haber cometido un pecado sexual. La discriminación y la desgracia como la consecuencia de un castigo ejemplificador. Entonces, adquiríamos dos caminos ó dos sentencias ante las relaciones sexuales extramatrimoniales: desgraciarte toda la vida con el embarazo no deseado o practicarte un aborto inmoral e ilegal, cuyo único camino era la infelicidad y unas eternas vacaciones en el infierno, que las monjitas y los curas debieron conocer bien, por que nos hicieron una descripción detallada de todo lo que nos ocurriría en ese lugar.

Claro, el otro camino con olores de santidad, era la abstinencia total hasta el matrimonio, cuna de la eterna felicidad. A nadie se le ocurrió difundir una educación sexual basada en la protección y la libertad sexual. La amenaza era el único camino.

Esta evocación a los años escolares, no es para otra cosa que recordar que, no hemos avanzado mucho en políticas de educación sexual. La iglesia sigue inmiscuyéndose en una tarea únicamente estatal. Así también, recordar que la idea de que nuestro fin es ser madres, que nuestro deber es sacrificarnos por el otro o la otra, que nuestro cuerpo es opinable, manipulable y sacrificable; no es gratuita, tampoco reciente. Data de miles de años, siglos de sumisión casi diabólica por parte del poder masculino.

Este poder representa una sociedad patriarcalista, una sociedad de fuertes raíces religiosas en donde la mujer es virgen, casta y pura. Una mujer que siempre va detrás para sostener el ego del hombre que es dios, público, libre; capaz de usar su cuerpo como le da la gana y el ajeno como el suyo propio.

Una sociedad que ha ignorado la existencia de la mujer por siglos y que aún ahora ignora, influenciada por la iglesia, donde los cuerpo de las mujeres han sido siempre causa de pecado y anulados sexualmente. Siendo este estigma muy conveniente para los hombres, que utilizado este poder para manejarnos.

Esta es la sociedad que califica de delito e inmoral el acto de abortar, de terminar con una dificultad, con una pena que sólo siente el cuerpo de la mujer a quien le afecta. Lo digo, con la única intención de compartir lo vivido y por que yo pude pagar un aborto sin privarme de la posibilidad de ser madre en el momento que yo quiera, sin que por un error se me imponga el embarazo, “maternalizándo" [6] mi presente y mi futuro.

Pero,¿a cuántas mujeres el Estado y la iglesia les imponen la maternidad?. Después de todo, “las razones prácticas invocadas contra el aborto legal carecen de peso; en cuanto a las razones morales, se reducen al viejo argumento católico: el feto tiene alma y se le cierra el paraíso al suprimir el bautismo”.(Beauvoir. 2001:277).

Sin embargo, el hecho concreto es que el aborto es un problema [7]; existe y es un hecho social denso y complejo, que no podemos ni debemos simplificar, por que existen muchos derechos ocultos detrás de ésta necesidad de decidir sobre nosotras. Siendo principalmente el conflicto derechos entre la vida del no nacido y la autonomía de las mujeres para escoger sus propios planes de vida sin ser afectadas por un embarazo.

A fin de cuentas un embarazo no resulta ser más que un estado muy corto de la vida de cualquier mujer. Son únicamente nueve meses que no pueden prevalecer en todo lo que significa ser mujer; que por supuesto es mucho más que ser madre. Sin embargo, estos “sólo nueve meses” cambian la vida de cualquiera.

No sólo por que el embarazo es en sí mismo complejo y único. Sino, por que la decisión de abortar o no es también compleja. Esta complejidad [8] radica en las diferentes relaciones de poder que pueden ir desde género, económicas y jurídicas; pasando por los campos de la salud, la sexualidad y otros tan subjetivos como: lo moral, la ética y hasta lo que cada una entienda por maternidad. Todos estos sistemas y relaciones en un solo campo de batalla: nuestro cuerpo femenino. Con un solo objetivo: el control total.

Toda ésta reflexión y sentimiento, que pareciera contradictorio, se podría quizás resumir en una sola palabra. Sin embargo, no encuentro la palabra precisa que grafique lo que siento ni pienso. Quizás porque no exista [9]. Porque como dice Victoria Sendón, ”(...) el mundo simbólico actúa a través de un lenguaje neutro que nos impide ver lo que hay detrás de las palabras." [10] Por lo que, no nos vemos reflejadas; y, resulta que hablar de lenguaje neutro es igual que hablar de lenguaje masculino.

Nuestra realidad de mujeres, no se ha visto visibilizada en una humanidad que ha estado avanzado contando una parte de la historia desde una sola óptica. Se sigue usando la palabra y el cuerpo masculino como medio privilegiado de expresión y poder. Por que, siguen ignorando y anulando nuestros cuerpos femeninos.

No encuentro otra explicación para responderme, ¿porque en medio de tantos avances tecnológicos, tantos nuevos derechos, aún se sigue luchando por la liberación de nuestro cuerpo?, ¿por el derecho más básico: la libertad de decidir?, que aún se nos niega. Peor aún que ello, es que muchas de nosotras no comprendamos por que es importante nuestra lucha por ejercer todos nuestros derechos.

Me produce mucho más que indignación que esta sociedad obligue a las mujeres a no interrumpir el embarazo, cuando no las provee de herramientas para mejorar sus condiciones de vida. No hay empleo, ni un buen servicio público de salud, ni viviendas, ni escuelas. Peor aún, que no responsabilice a los varones de sus actos y solo culpabilice a las mujeres de querer tener una mínima dignidad como persona, que no le otorgue la capacidad de escoger y decidir por sí misma su bienestar y el de sus hijos /as.

Esta es una sociedad excluyente y sexista en donde la religión también aporta lo suyo: manipulando, influenciando las leyes y políticas estatales. Abordando un tema tan íntimo con tanta ligereza por quienes jamás podrán imaginar siquiera lo que se siente pasar por esa experiencia, que no sería traumática si no tuviera connotaciones de imperativo moral y legal.

Estos imperativos resultan ser el marco sobre el cual se ejerce violencia contra las mujeres desde distintos ángulos. Uno de los cuales resulta ser el aumento de muertes maternas, el no poder ejercer su derecho reproductivo con libertad y total información. Hablar de ello es también denunciar las condiciones sociales que interfieren el ejercicio de su sexualidad y procreación. Negándoles la posibilidad de una maternidad concebida en total libertad y buena salud mental y física. Consecuentemente, imposibilitan el control sobre sus vidas dentro de un marco de protección legal.

Escribo en tercera persona, por que lamentablemente nuestra sociedad se sigue dividiendo en mujeres que tienen un mayor y mejor acceso a la información, salud y educación y las otras que son la gran mayoría, que tienen una información manipulada y sesgada, que no tienen acceso a educación ni ha salud y que aún accediendo a los servicios proporcionados por el estado, son con pronóstico reservado.

Sin embargo, a pesar de ello, toda mujer tiene derecho a decidir cuando y cuantos hijos quiere tener. Y, esta frase tan usada, pretendo que deje de ser un “cliché de relleno”, como yo la siento ahora. Convirtiéndose en una propuesta que debe imponerse y ser vigente, por que encierra valores intrínsicos en si misma, en tanto sea ejercida sin coacción alguna, sin dejarlo a la suerte o ha un acto sexual incontrolable.

Por que la sexualidad y sobre todo la sexualidad femenina no debe ser usada única y obligatoriamente para la reproducción. Sino, nuestra capacidad de ser madres por decisión voluntaria se desnaturalizaría, convirtiéndonos en animales irracionales, sin la capacidad de discernir sobre lo que queremos para nuestras vidas.

Muchas, sino todas estas ideas provienen de la iglesia, que nos a bombardeado con todos estos conceptos en los que prohíben la separación de la unión sexual y la procreación. Esto ha sido la base sobre la que han subyugado los cuerpos femeninos a su voluntad. Transgrediendo no sólo los derechos de los católicos, que son en última instancia quienes deben cumplir esas leyes morales. Sino, que han llegado sus ideas a la Constitución y leyes de mandato público, viéndose manipulada toda nuestra legislación con dogmas que restringen nuestras libertades y derechos de humanas.

Por ello el problema de fondo, creo yo, consiste en tomar conciencia de que la protección que debe brindar el Estado es para todas y todos. No para una mayoría, privilegiando su condición religiosa. El Estado debe legislar independientemente de la religión que constituya la mayoría o la minoría, por una cuestión mínima de dignidad .

Pese a ello, nuestro derecho a la libre decisión y el discernimiento, no es de ningún modo simplista, ni egoísta, como sentenciaría la iglesia y muchos (as) que han llevado sus convicciones religiosas al plano legal y político. Por que decidir abortar o no abortar, no es tan fácil. Ni si quiera es difícil, ni muy difícil. Es una decisión que se toma en un contexto extremo.

Nadie, únicamente aquella mujer que pasó por esa circunstancia en su vida sabe lo que significa o significó ese momento de decisión. Ese momento muy íntimo y único en el que decides tu vida y lo que pasará en tu cuerpo. Por ello, decir “estoy a favor o en contra” con tanta autoridad como ligereza resulta, para mi, una agresión y una violencia indescriptible. Que me sigue siendo imposible calificar.

¿Cómo un hombre, un cuerpo masculino, otro; o ni aún otra, decidirán sobre mi intimidad?, ¿quién es tan importante o inteligente, que deba poner mis decisiones, emociones, mis proyectos de vida, mis sueños y frustraciones en sus manos? Nadie. Por que es un tema de derechos que involucra el poder, la autoridad para decidir quién tiene derechos a tener derechos, y a qué derechos. Porque “...adquiere el mando quien logra controlar la sexualidad del resto de la tribu...” [11]. Por eso resulta tan imprescindible que cada mujer ejerza libremente con toda la información y la protección del caso, el más fundamental de los derechos que es el de decidir sobre su cuerpo, en diálogo íntimo con ella misma.

En nuestro país y como en tantos otros, el diálogo es una ilusión, que debemos hacer realidad, por que hemos sido formadas negándonos a escuchar nuestro propio cuerpo. Formadas en un miedo total a escucharnos y a interpretar nuestros sonidos, nuestros fluidos. Por que en el fondo “La mujer reniega los valores de la feminidad, que son sus valores...” (Beauvoir.2001:284). Sin embargo, cada vez somos más concientes de lo que somos y queremos ser y que debemos decidirlo libremente.

Aunque para tener cambios concretos debemos luchar por nuestros derechos. Por que como sabemos, nuestro Código Penal prohíbe el aborto. Excepto el aborto terapéutico. Pese a que las normas que castigan el aborto no son severas, tampoco podríamos decir que son del todo simbólicas, por que en nuestro Código Penal, casi todas las conductas previstas sobre el aborto, no superan el límite de cuatro años [12]. Sin embargo, no debemos olvidar que la sanción del Derecho Penal no sólo es la cárcel, también hay un conjunto de sanciones no carcelarias que afectan los derechos fundamentales y tienen incidencia real en la cotidianeidad de la vida de aquella mujer que tomó la decisión de alterar el orden social de las cosas.

A pesar que el aborto es ilegal y considerado un delito, está demostrado que la coacción de las leyes no han cumplido con la finalidad de prevención. En primer lugar por que el Derecho Penal no es el instrumento idóneo para prevenir el aborto. Si no es la última razón que el Estado apela, después que han fracaso los otros medios difusos de control, ante un hecho delictivo: la amenaza penal para evitarlo. Ello, por la gravedad de sus consecuencias.

El Derecho Penal, por definición, es un instrumento de control social. Necesario para que las sociedades puedan acceder a las mejores condiciones posibles para prevenir los delitos y reprimirlos con medidas regeneradoras, los hechos antisociales que se producen en su interior. Por lo que”...solamente debe proteger aquellos bienes, aquellos valores, aquellos intereses sociales de máxima prioridad en una sociedad”, como bien dice José Ugaz [13]

Sin embargo, de ésta definición extraída de un diccionario jurídico y de mis libros de derecho, tan rígida, impersonal y neutra. Podemos rescatar aspectos puntuales muy importantes. Por ejemplo, que es un instrumento de control social accionado ante conductas anti-sociales.

Es decir, conductas que la sociedad no acepta y no espera de una persona. En este caso, no espera que una mujer aborte, por que espera que sea una madre abnegada, sumisa y sacrificada, no importa la circunstancia que sea. Espera que no altere el objetivo de la vida comunitaria.

Por que justamente el Derecho Penal, protege los intereses sociales. Entonces, ¿qué interés puede tener la sociedad en que una mujer no ejerza libremente su decisión de ser o no ser madre?. El interés no es una novedad; pues la mujer siempre ha sido vista como “reproductora”, “paridora”. Responsable de la reproducción humana.

Esa es su principal y única función, ese es el interés social por el que se prioriza la vida de un embrión sobre la vida de la mujer, por que es madre antes que mujer. Por que la especie humana se extinguiría si ella toma conciencia del poder creador que tiene.

Entonces, ¿cuál es el acto delictivo, el acto anti-social que comete la mujer?, ¿cuál es ese acto tan reprochable, que merece una sanción penal?. Pues, simplemente el de tomar decisiones sobre su cuerpo y su vida. El estado, masculino y, a mi parecer, con una indolencia e ignorancia ante todo lo que encierra ser mujer, reprime estos actos de libertad sancionándolos con una pena. Que no es tan simbólica como aparenta y que pese a sus atenuantes, sigue siendo una sanción a la libertad de decidir de la mujer.

Consecuentemente, se ha alterado el rol del Derecho Penal, por que la amenaza no es la única ni la primera razón planteada para erradicar el aborto. Por ello el fracaso ante su erradicación. Sin embargo, con este fracaso lo único que se está garantizado es arrojar a las mujeres que quieran abortar, a tener un vínculo de contacto con este mundo clandestino y delincuencial que está dispuesto a solucionar su problema, dentro de la marginalidad y con grandes riesgos sobre su salud y su propia vida.

Por ello, la sanción no ha disminuido la práctica del aborto; pero si ha aumentando la muerte de muchas mujeres, mayoritariamente de escasos recursos, que resultan ser la clientela natural del Código penal [14], que defendieron con su vida el vital derecho a decidir.

Sin embargo, no es únicamente proponer su despenalización por el aumento de la tasa de mortalidad materna, ni proponerlo como un problema de salud pública. La realidad es, subrayar dentro de todo lo que sugiere Jennie Dador, ”...resolver el conflicto de derechos entre la vida, la autonomía, la intimidad, el cuerpo de las mujeres y la vida del no nacido; además de ser un manifestación burda de discriminación.” [15] Prioritariamente, la afirmación de nuestro derecho a decidir.

No obstante, resulta pertinente sugerir a la luz de tantas mártires, que se debiera promover un día en el que se recuerde a todas las víctimas de la intolerancia, de la estrechez de pensamiento, de las que murieron en la lucha por defender su derecho a decidir.

¿Cuántas mujeres con una vida propia, con sueños y proyectos, con capacidades comprobadas, mueren cada día defendiendo este derecho a decidir?, ¿a vivir sus propios sueños y proyectos de vida?. Sin embargo, existe irónicamente, insensiblemente: “el día del no nacido” [16]. Así, entre celebración y celebración, se le extiende la protección legal, entre otros para la atención de salud, disminuyendo la protección integral de los derechos de las mujeres.

¿Y las mujeres y niñas nacidas? La vida de mujeres, de niñas obligadas a dejar que usen su cuerpo como recipiente de incubación de un embrión no deseado, producto de una violación, sin el menor deseo de engendrarlo; aunque sea del esposo, del novio, del primer amor. Un embrión que se apodera de su cuerpo, de su vida, con la anuencia de las leyes. ¿Qué pasa con todas ellas?, ¿con todas nosotras? La indiferencia duele.

La indiferencia ante este hecho social, también es producto de una sociedad abortiva, como dice Ivonne Gebara [17], que no promueve condiciones adecuadas de vida para la mujer y sus hijos /as, condiciones más humanas; y, que tiene como consigna que la mujer es una ciudadana incompleta, o con una capacidad relativa. Esa sociedad es la que debemos condenar. Esta sociedad debe ser condenada y sobre todo cambiada, a través de la difícil tarea de pensar como antes no se había pensado, como dice Rivera Galareta”..de decir un no dicho, de mirar el mundo entero y decirlo con palabras nacidas de una política que no cancele el cuerpo” [18]. Sin embargo, yo añadiría que no cancele el cuerpo ni la sexualidad femenina, que no nos limite a ser simplemente un “fin natural”, el de ser madres y encima darles hijos (hombres) a la iglesia. Como sugiere un destacado político, ex Ministro de Salud [19], con la autoridad que le da ser varón, médico y católico en esta sociedad masculinizada, con leyes que protegen al marido, al hombre, al no nacido y de ninguna forma a la mujer. Empero, mi intención no es de ninguna manera atacar las respetables opiniones de ninguna persona en particular; sino como dije al inicio, que estas opiniones respetables, libres y democráticas, no influyan ni se impongan en políticas de estado, logrando con ello, además de un estado sexista, una dependencia del estado a la jerarquía católica respecto a la interrupción voluntaria del embarazo. Sin embargo, sí comparto el pensamiento de Simone de Beauvoir, respecto a que “...Los hombres [20], tienen la tendencia a tomarse el aborto a la ligera; lo ven como uno de los numerosos accidentes a los que la malignidad de la naturaleza condena a las mujeres; no se dan cuenta de que los valores están en juego...” (Beauvoir.2001:283) Me he permitido tomar este párrafo de su libro, porque me parece muy pertinente hablar de la actitud de los hombres; por que la legislación no dice nada al respecto, por que la sociedad ni siquiera los nombra. Dejando toda la carga penal y emocional a las mujeres. Como si ellas solas se hubieran embarazado o considerando quizás que siguen siendo seudo ciudadanas, personas incompletas que deben ser castigadas no solo con la ley; sino con la maternidad no deseada. Obligadas a engendrar y a mamantar o morir en el intento por liberarse. Con todo, los mismos hombres que prohíben el aborto, lo pueden aceptar como una solución cómoda a un determinado problema [21], que puede ir desde terminar una profesión hasta porque no es “su” momento. Ellos si pueden contradecirse, por que no son ellos los que viven en su carne y en su piel estas contradicciones. Beauvoir, en el mismo texto que le tomé prestado, también habla de los valores que están en juego en medio de la decisión de abortar o no abortar. Estos no son otros que los que nos han impuesto a través de los tiempos, con los que hemos sido formadas y de los cuales también renegamos. Pero, esos valores que nos mantuvieron esclavizadas caen y desaparecen el mismo momento que abortamos el feto no deseado. Por que nuestra decisión nos libera y nos cambia la vida. Por que el deseo de ser y saberse mujer prima entre todo. Sé que esto parece una apología al aborto, por lo que debo aclarar que no es así. En mi opinión, el aborto no es una práctica deseable, ni un método de control de la natalidad, ni una práctica regular de la población femenina. Ni algo de lo que yo me sienta orgullosa ni lo recomiende. Es solamente una situación, extrema en donde hay un conflicto de por medio y donde el Estado debería proteger la decisión que tome la mujer, cualquiera que ésta sea. Pero sobre todo,”... se debe poner énfasis especial en la prevención de los embarazos no deseados, informando adecuadamente y con la provisión de métodos anticonceptivos, sobre todo a quienes quieren tener relaciones sexuales sin fines reproductivos”.(GUTIERREZ. 2004:161) Pero, en nuestro contexto jurídico, la mujer es la última en ser protegida por el Estado. El bien protegido es la salud de la madre sólo como una excepción, (aborto terapéutico). Por que la prohibición del aborto está dirigido a la protección de la calidad y la propia vida del naciente. Me pregunto si a los legisladores o a las legisladoras, ¿no se les ocurrió tomar en cuenta la vida y la calidad de vida de la mujer? [22], de la que aún depende el nasciturus (¿o la nascitura?) y dependerá no sólo los nueve meses de gestación, si no gran parte de su vida; si no es toda su vida. Me imagino que no se tomaron ese trabajo, por que como ya he dicho, nuestra vida es sacrificable y opinable. Al respecto, quiero comentarles un artículo que leí en internet, buscando información sobre este tema. Es un artículo sobre el embarazo producto de la violación, escrito por un hombre, norteamericano y psicólogo. Recomendaba a la mujer que para recuperarse mentalmente de la agresión sufrida, no debería interrumpir su embarazo, alegando que ese “enojo” que tenía contra “su” hijo por la violencia ejercida sobre ella, debería ser rechazado por que produce impactos negativos y actitudes autodestructivas en su mente. Que de ninguna manera debería considerar el aborto como una solución a “su” problema; por que después tendría que enfrentarse con el recuerdo constante de haber “matado a su hijo”. Aduciendo que esto es peor que la violación.

Sigue más, argumenta “científicamente”, después de dar innumerables datos afirmando que es mínimo el riesgo de quedar embarazada en una agresión por violación; que la más sabia decisión es mantener la vida del hijo, por que así triunfaría “el bien sobre el mal”, “el amor sobre la violencia”. En fin, enmudecí totalmente. Por que además afirma éste psicólogo que suscribe el sorprendente artículo, que ésta elección en favor de la vida le permitiría a la desdichada mujer, recordar su coraje y generosidad olvidando su temor y la vergüenza sufrida.

Bueno, yo sé que éste artículo [23] debe ser uno de tantos que circulan en la red. Pero, que a pesar de su cuestionada base científica, resulta ser el mismo pensamiento de nuestra iglesia católica y de muchas y muchos de nuestros legisladores, que opinan y no sólo sugieren, sino que legislan libre y audazmente. Por decir lo menos, sobre lo que debería hacer una mujer en una situación ocurrida sobre su cuerpo.

Interpretando como mejor creen sentimientos que sólo podrían sentir en un caso extremo de violación y embarazo; y aún así, cada persona tendría diferentes sentimientos y por ende diferentes decisiones. Además muy válidas todas. Pero, al señor éste únicamente le faltó aseverar que tendría garantizada la salvación eterna en el cielo.

Es decir, nos bombardean por todos lados y de todas formas, obligándonos en base a amenazas o influenciándonos “científicamente”, a decidir de cualquier sobre un tema íntimo y privado. Es pues, este desfavorable panorama sobre el cual se devela una decisión controvertida y la tremenda tarea que tenemos, de cambiar y feminizar a la sociedad y el Estado. De transformar el conocimiento, que no es poca cosa y no pasa solamente por estar en política ni en la universidad. Sino, simplemente por la voluntad y los deseos de cambio de quien no se reconoce ni se siente nombrada, o se siente violentada dentro de una sociedad que la ignora y vulnera sus más elementales derechos.

Dentro de este contexto, debemos tomar conciencia que la negación de los derechos reproductivos es también un acto de violencia de esta sociedad, hacia la mujer, que niega a la mayoría de mujeres el derecho básico a decidir; y, discrimina entre las que podemos acceder a un aborto sin complicaciones y las que están condenadas a morir en el intento de liberarse del estigma de ser “reproductoras” ó “procreadoras”. De ser madres sobre todo.

La mujer debe dejar de ser percibida como una garantía del funcionamiento básico de la sociedad, como el pilar de la familia tradicional y el equilibrio global del orden social establecido. Debe dejar de ser vista como “la madre de leche ideal” [24]. Romper con la vigilancia rigurosa a la ideología asistida, para que su preparación no desarmonice la estructura social; en donde sus deberes y derechos tienen como único fin ser la madre de una sociedad donde el hombre es el beneficiado principal.

Debemos seguir en la lucha, que dicho sea de paso, ya nos ha consumido más de doscientos años; por que a diferencia del hombre que nace libre [25], a nosotras nos está costando adquirir el estatus de persona, sujeta de derechos y obtener la protección un Estado que nos garantice el libre disfrute de esos derechos.

La historia injusta de nuestros derechos como humanas debe cambiar. Debemos dejar de ser explotadas en razón de nuestra especialidad reproductora; destinadas por ello a parir, amamantar y cuidar las crías, hasta que puedan valerse por si mismos. Cuidando además de los hombres para “(...) que teniéndolo al esposo bien comido y contento (...)sea muy útil(...)” [26], es decir trabajen bien y produzcan mejor; así como cuidar de los ancianos y discapacitados. Beneficiándose con estos trabajados los hombres y El estado.

Resultando de ello, las numerosas opresiones de la que han sido objeto y aún siguen sufriendo la mayoría de las mujeres. Explotadas en razón de su biología y su cuerpo. Sin embargo, la lucha por una sociedad menos falocéntrica y por un derecho que armonice con nuestros cuerpos sexuados, en lugar de negarlo en nombre de una verdad pretendidamente universal y neutra, empieza con la reivindicación de nuestros derechos.

Las mujeres necesitamos derechos sustantivos, por que los derechos abstractos favorecen a los varones y esto sólo puede conseguirse marcando las diferencias. Reivindicando nuestros derechos de humanas.

Dentro de ésta reivindicación de nuestros derechos de mujer y persona humana, es que se ubica el derecho a la privacidad. Lo cual no significa únicamente tener derecho a repeler cualquier tipo de intervención en nuestra vida. Sino que, incluye nuestro derecho a establecer relaciones y a disfrutar de nuestra libertad sexual, manteniendo alejadas las miradas molestas que violentan nuestra intimidad.

Sobre todo nuestro derecho a la privacidad en la libertad de la toma de decisiones, para tener el control sobre nuestra vida. Es el derecho a vivir sin intervención de factores externos. Llámese iglesia, religión, Estado, intervención masculina o de cualquier otra índole, dentro de un marco de total información que proteja ésta decisión.

La protección debe venir, sin más demora, de un Estado laico que ejerza su autonomía con políticas públicas sin la intromisión de ninguna idea fascista religiosa, como ya expresé anteriormente, donde se tome en cuenta a la mujer desde una perspectiva de género. Para que luego, no nos sea ajeno ni difícil compartir el pensamiento de Marta Lamas [27], respecto a la maternidad, que es una experiencia en la que el deseo femenino es fundamental.

Por supuesto el deseo debe ser la expresión más pura de libertad, para que ésta experiencia sea enriquecedora, donde la capacidad creadora de la mujer pueda desarrollarse al máximo. Dentro de un proceso de cambios, que de por sí son muy dolorosos, violentos, complejos y únicos. Capaces de ser experimentados sólo a través de cada cuerpo femenino, con tiempos biológicos y sicológicos individuales, diferenciados entre sí y con evolución propia.

BIBLIOGRAFÍA:

  • DADOR, María jennie. 2004 “El debate legal sobre el aborto”. Historia, confluencia y perspectiva: 25 años de feminismos en el Perú. Lima.
  • GUTIERREZ, Miguel. 2004 “El aporte del feminismo en la atención del aborto”. Historia, confluencia y perspectiva: 25 años de feminismos en el Perú. Lima.
  • BARRING, Maruja 1979 Cinturón de castidad: la mujer de clase media en el Perú. Lima.
  • DE BEAUVOIR, Simone 1949 El segundo sexo: la experiencia vivida. Vol.II. Madrid.
  • Irigaray, Luce 1992 Yo, tú, nosotras. Madrid.
  • GÜEZMES, Ana 2003 “Estado laico, sociedad laica. Un debate pendiente”. Ciudadanía sexual en América latina: abriendo el debate. Lima.
  • RIVERA GARRETAS, María-Milagros. 2005 La diferencia sexual en la historia. Valladolid.
  • SENDÓN DE LEÓN, Victoria. 20002 Marcar las diferencias: discursos feministas ante un nuevo siglo. Barcelona.
  • VALLENAS, Sandra 2004 “El aborto en la agenda feminista: la investigación”. Historia, confluencia y perspectiva: 25 años de feminismos en el Perú. Lima.
  • ONG. FLORA TRISTAN 2000 Mortalidad materna y aborto inseguro: enfrentando la realidad. Lima.
  • ONG. MANUELA RAMOS 2000 Diagnóstico normativo de los derechos sexuales y reproductivos en el Perú. Lima.
  • ONG. MANUELA RAMOS. 1998 Derechos humanos de las mujeres: Aportes y reflexiones. Lima.

Notas

[1] En: Marcar las diferencias.pp30.

[2] De quien me voy a apoyar en este deseo de escribir.

[3] 410,000 al año. Estimación trabajada por Delicia Ferrando en el Centro de la Mujer Peruana: Flora Tristán. Estimación sobre el supuesto de que cada aborto incompleto hospitalizado representa otros 7 que no llegan a hospitales ni centros de salud públicos.

[4] Expresión que manipula y lleva al error por falta de información. Sin embargo muy usada, por ejemplo el “día del niño por nacer”:25 de marzo, instaurado por Ley 27654. ¿Una secreta intervención de la Iglesia?.

[5] Ana Güezmes en :” Estado laico, sociedad laica: un debate pendiente”. En: Ciudadanía sexual en América latina: Abriendo el debate.

[6] Me tomaré el don de construir la palabra de acuerdo a mis sentimientos y mi cuerpo.

[7] Un sinónimo de problema es embarazo.

[8] Bthsebe Andía, citada por Jennie Dador en: “El debate legal sobre el aborto”. Historia, confluencias y perspectivas: 25 años de feminismo en el Perú. p.147.

[9] Por que de la palabra también nos han excluido.

[10] En: Marcar las Diferencias. Pp32.

[11] La tía Sofi, personaje de la novela Delirio, de Laura Restrepo. Citada por Sandra Vallenas en su ensayo ” El aborto en la agenda feminista: la investigación”.

[12] Que es uno de los requisitos para que una persona se le interne en un penal y se le prive de su libertad.

[13] En su ensayo sobre “los aportes del derecho penal y despenalización del aborto”.pp36

[14] Como indica José Ugaz en su ensayo sobre “los aportes del derechos penal y la despenalización del aborto”. (1999:41)

[15] “El debate legal sobre el aborto”(2004:148)

[16] que además resulta varón.

[17] Teóloga brasileña citada por Rosa Trapazo en su ensayo “para una nueva ética de vida en derechos reproductivos”(1999:53)

[18] Parte del significado de lo que es la diferencia sexual. En: La diferencia sexual en la historia. Pag 28

[19] Sr. Luis Solari en su Ensayo sobre “Situación de los ataques a la vida y a la familia en América Latina”. En un contexto en mi opinión, por demás fanático-religioso.

[20] En especial ellos, aunque no debo excluir a muchas mujeres que aún les es difícil entender la necesidad de decidir libremente.

[21] Por poner un ejemplo de conocimiento público: el ex presidente de Argentina Carlos Menem, que condenaba el aborto públicamente, sin embargo apoyo a su mujer a que se practicara uno.

[22] No quiero decir madre, por que antes que madres, somos mujeres.

[23] http://www.aciprensa.com/aborto/avi... del 05 de enero 2006

[24] Como dice mi compañera de maestría Viviana, en alusión gráfica a la propaganda de leche en la que sale una mamá abrazando tierna y protectoramente a su hijo, con un esposo al lado.

[25] Así pensaban los grandes “padres de la historia”, como Rousseau, para quien era necesario mantener a las mujeres en situación de dependencia y así lo expresaba en sus obras: “Emilio “ y “ Sofía”.

[26] Un extracto de la anécdota de Maruja Barring. Tomado de: Cinturón de castidad: la mujer clase media en el Perú.

[27] Lamas, Marta: http://abortolegal.org/ABORderelig.pdf. 12 de diciembre 2005


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